LA CRISIS ECONÓMICA ES UNA DECISIÓN POLÍTICA E IDEOLÓGICA.

La crisis del Covid 19, se ha transformado en una crisis económica, por lo menos eso es lo que actualmente están anunciado todos los gobiernos del mundo, y entre ellos el nuestro, al exponer que el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) caerá el presente año en un -5,6%, y si se produce una segunda oleada del virus, el PIB caerá a un -7,1%.

 

          Que, el Producto Interno Bruto (PIB) se desmorone, efectivamente es una noticia catastrófica, pero que significa esto, en palabras simples los gobernantes nos avisan que la economía se ira a la punta del cerro, han caído las ventas del comercio, se paró la construcción, los locales de comida están quebrando, las ferias solo pueden trabajar 3 días a la semana, los comerciantes ambulantes no pueden salir a trabajar por la cuarentena, los Cabify, Uber, Didi y Bit aplicaciones de conductores están paralizados y endeudados, y todo ello coronado con la noticia que la inversión extranjera, básica y fundamental para el crecimiento económico disminuyo significativamente, y todo esto se agravará, advertencia que nos hacen nuestros gobernantes y sus jefes empresarios-banqueros, si las y los ciudadanos nacionales seguimos protestando. La advertencia que se nos hace tiene el objeto de traspasar al pueblo la responsabilidad de la profundización de la crisis económica, dando a entender que de nosotros depende que esta sea superada rápidamente o se extienda por un largo tiempo. La información catastrófica junto con sus advertencias que nos llaman al orden, no puede superar la pobreza y el hambre al que han sometido a nuestro pueblo por sus decisiones políticas y económicas.

         

          Los discursos catastróficos, nos envuelven en un entorno económico, dando a entender que los gobiernos y los empresarios no tienen ninguna responsabilidad frente a dicha situación. La crisis es presentada como una casualidad, algo imposible de haber previsto, por lo tanto, las explicaciones las debemos buscar en Dios o en la mala suerte que nos acompaña a los pobres permanentemente. Con este discurso nos quieren decir que ellos los empresarios y nuestros gobernantes sufrirán las mismas consecuencias que nosotros, o sea, se empobrecerán, endeudarán y no tendrán que comer.

 

          El discurso de la crisis, en ningún momento expone que el modelo político y económico impuesto a sangre y fuego en Chile, pueda tener alguna responsabilidad con respecto a la cesantía, el trabajo independiente, el auto empleo y la pobreza consecuencia de lo antes expuesto. Esta lógica discursiva, también elimina toda responsabilidad de quienes han defendido nuestro sistema económico, que traspasa los recursos naturales a un grupo reducido de privados, y que de la misma forma se niega a implementar políticas destinadas a desarrollar procesos de industrialización ya sea en la producción cuprífera o del litio, negativa que finalmente termina negándole miles y miles de plazas de empleo formal a nuestro pueblo.

 

          En realidad, todo lo que ocurre a nivel político y económico es la manifestación material de una ideología que existe y se profundiza cada día más en nuestro país. Esta forma de construir la realidad estableció de la manera más consciente la existencia de amplios bolsones de pobreza y hambre, los que intencionalmente fueron ubicados en los sectores periféricos de las ciudades. Que, en la Pintana, Cerro Navia, Lo Prado, Puente Alto, existan altos niveles de miseria, en ningún caso se debe entender como algo casual, ya que la construcción de dichas poblaciones fue conscientemente planificada, con la intención de concentrar a los pobres y marginales en territorios distantes de los centros de poder y de las viviendas donde viven los privilegiados del país.

 

          La política económica impuesta en tiranía y continuada por esta dictadura democrática, que destruyo la industria chilena, se tradujo en desempleo masivo a nivel nacional. La decisión de bajar las tasas impositivas a las importaciones fue lo que permitió la invasión de productos extranjeros los que compitieron en forma desleal con la empresa nacional. Las fabricas chilenas quebraron porque no podían competir con productos que no pagaban impuestos, y que por lo mismo eran más baratos.

Lo mismo ocurre con el alto nivel de cesantía y el autoempleo, fenómenos que son consecuencia de decisiones políticas-económicas, que apuntaron directamente a la desindustrialización del país, acción que se tradujo en el aumento sistemático de población desempleada, la que, gracias a la destrucción de la empresa nacional antes explicada, se vio imposibilitada de encontrar un nuevo trabajo formal. Efectivamente, fueron los mismos gobiernos de derecha que, para enfrentar la cesantía que sus políticas económicas provocaron, construyen y engalanan un discurso destinado a estimular el proceso de emprendimiento en el marco del capitalismo popular, sustentado en la esperanza de que el auto sacrificio expresado en muchas horas de trabajo, finalmente nos permitirán alcanzar nuestros mayores sueños económicos.

 

           El que Chile sea un país que vive exclusivamente de la exportación de materias primas, no es casual, todo lo contrario, es una decisión política-económica tomada y ejecutada por los administradores del modelo quienes solo responden a los requerimientos de los grandes empresarios nacionales y extranjeros. Esta condición nos ha transformado en una nación totalmente dependiente del comercio exterior, que nos limita a cambiar guindas por computadores y cobre por autos y celulares.

 

          De la misma forma, dependemos de la divisa extranjera, particularmente del dólar, esto debe ser entendido como, que el peso chileno no tiene ningún valor a nivel internacional, de esta forma todo lo que estamos obligados a consumir por medio de las importaciones deben ser cancelados con la divisa norte americana. Esta condición de dependencia nos mantiene en la inseguridad permanente, debido a los valores fluctuantes de nuestra principal exportación, el cobre, que se transa en dólares. Esta condición nos da a entender que nuestra estabilidad económica, no depende de nuestro quehacer, sino que del azar asociado a los valores del cobre y al de la divisa. En otras palabras, dejamos nuestra riqueza y pobreza en manos de la buena o mala suerte, expresada en las fluctuaciones de las bolsas de comercio internacionales.

 

          La constante del discurso económico de los gobiernos de derecha que han estado en el poder desde 1973 en adelante, ha sido la misma, nada depende de nosotros, y menos de ellos, ya que estamos sujetos a las fluctuaciones de la economía internacional, y frente a eso no se puede hacer absolutamente nada. Esta afirmación es totalmente irreal, ya que, si el cobre y el litio fueran nuestros, podríamos controlar la oferta y su consecuente valor internacional, pues podríamos intervenir la producción de estos. De la misma forma, si desarrolláramos procesos de integración de valor a nuestras materias primas, automáticamente se crearían cientos y miles de puestos de trabajo formal, y esto nos permitiría tener un mayor control no solo de la materia prima, sino que también, de la oferta del producto procesado y manufacturado.

 

          Ejemplo de lo anterior es que, si en vez de vender el litio en bruto, lo transformáramos en baterías y pilas, seríamos una potencia económica mundial en dicho sector, además de presentar una alternativa real y concreta al cambio de matriz energética tan necesaria para enfrentar el calentamiento global que afecta la continuidad de todas las especies del planeta. Pero la decisión política y económica que podría determinar dicha acción no se toma, en otras palabras, los gobiernos empresariales conscientemente han decidido mantener a un porcentaje significativo de la población sin trabajo, cesantes, obligándolos a rebuscárselas de forma individual, acción que nuestro pueblo realiza sin mayores cuestionamientos gracias a que se les ha convencido de que efectivamente existe la esperanza de alcanzar el sueño americano, ese que nos indica que con mucho esfuerzo y trabajo nos podremos hacer ricos.

 

          El hecho que muchas y muchos chilenos estén pasando hambre gracias a la pandemia, también es una decisión política. Nuestros gobiernos decidieron libremente transformar tierras de cultivo de alimentos en bosques de pino y eucalipto, lo que implica disminuir la producción de comida para el pueblo con la finalidad de enriquecer a los empresarios forestales y de la celulosa. La decisión política-económica dirigida a alimentar la avaricia de los empresarios, implico bajar la producción alimenticia de cereales y granos para consumo humano, hechos que nos obliga a comprar trigo y otros granos a países extranjeros. La Violeta, nos advirtió de esta situación hace ya muchos años, cuando en su canto nos enrostraba que “compramos papas a naciones varias cuando del sur de Chile es originaria”.

 

          Que tengamos que comprar alimentos que podríamos producir, también es una decisión política y económica. Esto tiene una explicación simple, asociada a la venta y compra de divisas, negocio para los especuladores y propietarios de los bancos, pero no es solo esto, ya que la compra de alimentos al extranjero beneficia directamente a un conjunto de gremios entre los que se encuentran los camioneros, las navieras y los propietarios de los puertos entre otros. La avaricia de los empresarios y gobernantes de derecha es la que produce las crisis económicas.

 

          La existencia de trabajadores y trabajadoras a honorarios, que actualmente se encuentran desempleados y sin acceso al miserable seguro de cesantía, también es una decisión política y económica. Esta modalidad de empleo, en primera instancia elimina la condición de trabajador o trabajadora de la persona que presta servicios personales por medio de honorarios, si efectivamente, la ley no los considera como trabajadores. Esta medida política y económica, persiguió librar a los empresarios nacionales de la responsabilidad del pago de los derechos sociales, expresados en imposiciones de salud y AFP, ello con la finalidad de bajar los costos asociados a los salarios, ya que el empleador se ahorra el 20% del sueldo al contratar bajo esta modalidad. Un segundo elemento relevante de esta decisión política es consecuencia de lo antes expuesto, los honorarios, al no ser considerados “trabajadores”, no tienen derecho a sindicalización, pues no existe dependencia laboral, hecho que limita los conflictos trabajadores empleador, consecuentemente no pueden luchar por sus derechos laborales.

 

          Un elemento significativo de los trabajares y trabajadoras a honorarios, es que son un fiel reflejo del modelo político y económico nacional, ya que ellos al no ser considerados legalmente como “trabajadores”, caen en la categoría de independientes, lo que los obliga a asumir la responsabilidad del pago de los seguros de salud (Fonasa o Isapre) y del seguro de pensión para la vejes (AFP), anulando de esta forma toda responsabilidad social y económica tanto del Estado como de los empresarios, en otras palabras es la mayor expresión del individualismo neoliberal.

 

    El individualismo neoliberal, actualmente presenta otra modalidad para anular la condición de trabajadoras y trabajadores, cual es, la hoy es conocida como Uberización de la economía. Esta nueva forma de relación comercial establece que tanto los conductores de aplicación Cabify, Ubre, Didi, Bit, al igual que los repartidores de Uber, Rapid etc., no son considerados trabajadores, entregándoseles la categoría de socios conductores, repartidores o colaboradores. Los socios colaboradores de los empresarios, al igual que los Honorarios, son trabajadores independientes, en consecuencia, se deben hacer responsable del pago de los seguros de salud y previsión social. Esta nueva modalidad de trabajo, que beneficia directamente a las grandes empresas, es permitida y validad por la política económica de nuestros gobiernos.

 

          La decisión política de mantener a un ejército de desempleados en el país tiene varios objetivos, pero uno de los principales, es disfrutar de una población cautiva y agradecida por las limosnas entregadas por los gobernantes. Este ejército de pobres, viven por un lado rascándoselas con sus propias uñas, pero de igual forma pasan mucho tiempo en los municipios inscribiéndose para que les apliquen la encuesta de caracterización socio económica, que les permitirá acceder a uno u otro subsidio, o a la caja de mercadería que se les entrega como un favor personal hacia ellos. A esta población, matriz básica de nuestro pueblo, se les ha enseñado que “todo beneficio entregado por el municipio es un favor personal del alcalde o de algún concejal”, por lo que deben estar agradecidos ya que, si no fuera por ellos, no obtendría nada. Esta situación, implica necesariamente la devolución del favor, exigible en una próxima elección donde deberá pagar con su voto, pero de la misma forma se explicita la advertencia de no juntarse ni reunirse con los otros, ya que eso significaría perder el favor del edil y sus colaboradores. La pobreza es el caldo de cultivo para el clientelismo político, hecho conocido y reconocido por la rancia oligarquía nacional.

 

          La pobreza, la miseria, el hambre, el tráfico de drogas, la violencia y la delincuencia dependen de decisiones políticas y económicas que los gobernantes que hemos electo toman. Las personas, los seres humanos al nacer no decidimos si queremos ser pobres y vivir en la miseria, o si nos transformaremos en ladrones o narco traficantes, esas decisiones están lejos de todo pensamiento relativamente racional. Cuando niños queremos ser bomberos, médicos o policías, ya que en nuestra ingenuidad deseamos ponernos al servicio de los demás, deseamos ser buenas personas ya que ese es el ejemplo que nos presentan nuestros padres, nuestras familias. Pero el tiempo, las decisiones políticas y económicas que toman los gobernantes y los empresarios, finalmente nos terminan empobreciendo, condición que a pesar de nuestro trabajo, esfuerzo y autosacrificio no podemos superar, dicha situación establece un determinismo social y cultural, los pobres seguiremos siendo pobres y los ricos cada día más, esto gracias a la riqueza que produce nuestro trabajo, fenómeno que seguirá ocurriendo mientras nosotros lo permitamos.

    Las decisiones políticas que toman los gobernantes y los empresarios, se traducen en crisis económicas que afectan directamente a nuestro pueblo y a las y los trabajadores, pero estos, los que conducen los destinos de la nación, no se preocupan de las consecuencias, ya que para ellos solo somos una categoría estadística, un número, un trabajador que tiene como único objetivo en la vida acrecentar su riqueza y poder, somos el rebaño que es conducido al sacrificio única y exclusivamente con el fin de satisfacer la avaricia de los empresarios y gobernantes.

 

    Otras decisiones políticas y económicas que se traducen en crisis son: comprar armamento para las policías y militares y no invertir en un sistema de salud público, esto se traduce en miles de personas muertas al año por falta de atención. Privatizar el mar, decisión que se traduce en sobre explotación de la bio-masa marina, acción que tiene como consecuencia la extinción de especies para el consumo humano. Permitir que especies marinas para consumo humano sean transformadas en harina de pescado. Privatizar el agua, afectando de esta forma a grandes grupos humanos que se quedan sin agua para consumo, regadío y mantención de animales.

 

    Finalmente, gracias a las decisiones políticas y económicas que toman nuestras autoridades, sumado a ello las consecuencias del Covid 19, la pobreza y la miseria se agudizará, hecho con el cual todos los gobernantes y empresarios del mundo están de acuerdo, tanto así que lo están advirtiendo, al informar que millones de personas perderán sus fuentes laborales, consecuencia de la crisis económica que se nos viene encima una vez superada la pandemia. Esta advertencia expuesta por las entidades económicas más importantes del mundo asegura que ellos, los gobernantes, los empresarios y los economistas no pueden hacer nada, que el aumento de la pobreza y la miseria es algo que no pueden controlar y menos evitar, así que nosotros el pueblo y los trabajadores debemos aceptar y conformarnos con nuestra miseria. Como siempre y una vez más, nos invitan a agachar la cabeza y resignarnos por nuestra mala suerte, y así seguiremos hasta que comprendamos que, el “poder” de transformar este modelo político y económico radica exclusivamente en nuestras manos, que la fuerza de un pueblo organizado y disciplinado puede construir una sociedad justa y solidaría,  entendiendo que en ese proceso los costos serán muy altos, pero que debemos estar dispuestos a pagarlos, ya que si no terminamos con los privilegios y la avaricia de los empresarios, estamos condenados a la barbarie y la extinción.

 

Mario Paz Montecinos

Secretario de Los Hijos de Mafalda

La Palomilla Informativa del Pueblo Desorganizado.

El Mayor Compromiso con Nuestro Pueblo es la Organización.

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