DE LA INDOLENCIA DEL GOBIERNO EMPRESARIAL A LA JUSTIFICACIÓN DEL PALO Y EL GARROTE

La prensa en general nos ha dado a entender que la crisis sanitaria en Chile particularmente se inicia el 3 de marzo, momento en el cual se detecta a la primera persona contagiada con Covid 19. En ese momento suenan las alarmas indicando que la nación se suma al resto del mundo que se está contagiando, enfermando y muriendo producto de una pandemia que podría arrasar con la humanidad.

 

La realidad de la crisis sanitaria es otra, ya que esta se inicia en el mes de diciembre de 2019 en China, momento en el cual se debió establecer y desarrollar formas de enfrentarla. Dejaremos fuera el análisis del criterio que indicaba la irracionalidad de vacacionar en los países donde esta enfermedad se estaba diseminando, y las consecuencias lógicas de regresar a las naciones de origen ya contaminados y las consecuencias de dicha situación.

 

Lo relevante es que en el mes de enero del 2020 la enfermedad se expande a las diversas latitudes del planeta, obligando a la OMS a declarar el día 30 de enero “Emergencia de Salud Pública”. El mundo camina hacia el pánico por la amenaza de una enfermedad mortal. En el mes de febrero, el Covid 19 comienza a sumar muertos que no son de origen chino, y Europa inicia la escalada de contagios y defunciones, obligando al Gobierno Italiano a declarar “confinamiento obligatorio el 8 de marzo”, mientras tanto en América del Sur se detectan los primeros casos. La enfermedad se acerca a Chile, y 8 días después de que se detecta el primer caso en nuestra nación la OMS el 11 de marzo declara la pandemia.

 

Asumir que el 3 de marzo del 2020 se inicia la pandemia en Chile, a lo menos es una irresponsabilidad, ya que nuestro gobierno y la población observamos de forma indolente y despreocupada como en el resto del mundo el Covid 19 se esparcía sin control, contaminando y matando a las y los ciudadanos, principalmente a los de la tercera edad y con enfermedades prevalentes.

 

La irresponsabilidad de nuestro gobierno se expresa sencillamente en no haber actuado en dirección de desarrollar una planificación para hacer frente a la enfermedad que se sabía que llegaría a nuestro país, por el contrario, no tomó ninguna medida preventiva, donde dicha inacción se tradujo materialmente en los problemas que hoy estamos viviendo.

 

No podemos asumir por qué nuestro gobierno no tomó las medidas necesarias para frenar el ingreso de la enfermedad, o el no tomar las medidas sanitarias para contenerla, por lo que solo nos queda especular sobre dichas razones. Lo más obvio es que permitir la masificación del contagio y su consecuente proceso de atemorizarían de la población facilito la instalación de mecanismos represivos de control social destinados a frenar la explosión social que se inicia el 18 de octubre del 2019. De la misma forma, podemos especular que la desidia al momento de enfrentar el problema sanitario puede ser explicada por las idea que expresa que “los adultos mayores son un alto costo para los países y las sociedades en general”, más allá de quién hubiese expuesto esta idea, para los países capitalistas y neoliberales, dicha afirmación no deja de ser un hecho real, igual que el costo asociado de la sobrevida de personas con enfermedades catastróficas, que se traduce en un alto costo para el sistema de salud nacional e internacional.

 

También, podemos especular que la NO implementación de medidas destinadas a controlar y aislar a la población contagiada, es consecuencia de un “experimento social”, el cual busca conocer los diversos mecanismos, y utilidad de los mismos, para el control absoluto de la población frente a futuras catástrofes, relacionadas principalmente con el calentamiento global, el que se traducirá en la disminución sistemática de las lluvias, en otras palabras de agua para el consumo humano y animal, que afectará las cosechas disminuyendo la producción de alimentos. El aumento de la temperatura del mar que afectará y en consecuencia reducirá la captura de especies de consumo humano, en otras palabras, una crisis alimenticia generalizada, la que podrá ser fácilmente enfrentada si contamos con la experiencia de los mecanismos de control social ya aplicados, en situaciones similares, como el actual Covid 19.

 

Podemos especular, que las medidas tardías frente a la confinación de la población en sus hogares, tiene como objetivo por un lado conocer cuánto tiempo se demora el pueblo en organizarse, o de forma espontánea sale a la calle para enfrentar al mal gobierno, o como estas mismas medidas tardías logran que un conjunto de la población, que será la beneficiaria de la ayuda, terminará defendiendo al mal gobierno como consecuencia del clientelismo al cual han sido sometidas y acostumbradas.

 

Pero fuera de toda especulación, podemos constatar, como nuestro gobierno, no se preparó para enfrentar la pandemia, esto lo podemos observar por medio de la cantidad de respiradores mecánicos existentes en el país (actualmente 1850), herramienta sanitaria fundamental para enfrentar los casos graves del Covid 19, además de contratar y capacitar al personal de salud necesario para operar dichos respiradores, lo mismo ocurre con otros tipos de elementos sanitarios fundamentales para los profesionales de la salud que hacen frente directamente al problema sanitario.

 

Lo que, si efectivamente planifico el gobierno chileno, fue la compra de material de guerra y herramientas para la represión, las que serían utilizadas tanto para tratar de frenear el estallido social, así como las consecuencias sociales de la crisis consecuente de la pandemia, esta acción fue tan efectiva que dicho material comienza a llegar al país antes de que se detecte el primer caso de Corona virus.

 

El gobierno de la oligarquía quiso controlar la pandemia con una medida sanitaría totalmente controversial, cual fue, enviar a la población contagiada a sus casas, espacio donde, por el contrario de lo que se nos ha hecho creer, la enfermedad se masifico, ya que el grupo familiar del enfermo se termina contagiando, y desde los hogares el Covid 19 se expandió al resto de la nación.

 

El gobierno de la derecha y sus socios, empresarios y banqueros, permitieron la masificación del contagio, al mantener al grueso de la población trabajadora circulara en medios de transporte masivos y hacinados, que no permiten la distancia física entre las personas, facilitando el contagio. No existió una lógica preventiva en este proceso, ya que las empresas que obligaron a las y los trabajadores a asistir a sus trabajos, no dispusieron y menos entregaron elementos de protección como mascarilla, alcohol gel y guantes a sus trabajadores, quienes se movilizan en el transporte público, en otras palabras, su indolencia aumento el nivel de contagio de la población.

 

Mientras la indolencia del gobierno se hacía carne, la enfermedad se masificó, y todas las medidas que este tomó, lo hizo bajo la lógica de los hechos consumados, siempre después de ocurrido el problema. De la misma forma, las medidas tomadas por el mal gobierno apuntaron a un “país ideal”, donde la población tiene trabajo formal, con contrato, donde todos tienen el mismo acceso a la salud, bajo la creencia de que todos tenemos una segunda vivienda en la costa y un vehículo para transportarnos a ella, donde la tarjeta de crédito está masificada, por lo mismo podemos comprar vía internet o teléfono celular, y que nuestros pedidos los vengan a dejar por Uber o Rapid. Este país ideal donde todos podemos trabajar desde nuestros hogares, donde todos tenemos computadores y acceso a internet, donde cada uno de nuestros hijos tiene un computador personal, donde la vida es fácil ya que nuestros salarios nos permiten comprar mercadería para el mes completo, sin tener la necesidad de salir al almacén, a la feria, a la vega o el supermercado a cada rato.

 

El mal gobierno y sus políticas para enfrentar la pandemia, se tradujo en la entrega de recursos económicos a los empresarios y los banqueros, bajando sus impuestos y entregando nuestros recursos a los bancos, para que nosotros corriéramos a endeudáramos para enfrentar la crisis económica resultado del Covid 19.  Este gobierno empresarial olvido a más de la mitad de la población, esa que, si puede acceder a la cuenta Rut, pero que no tiene trabajo formal, esa que vende super 8 en las esquinas, agua embotellada, galletas y bebidas, a esa que limpia vidrios o hace piruetas, y que en cada semáforo en rojo nos oferta con comida, circo, baile y música, a esa que vive de la propina o la caridad de los conductores, también se olvidó de las y los sopaipilleros, los vendedores de papas fritas y cabritas, de la comida al paso, del vendedor de desayunos y completos, a esos que viven al día, que no tienen un salario, de los adultos mayores que viven con una pensión que los condena a la pobreza. A todos ellos, el mal gobierno oferta bonos en dinero que llegan uno o dos meses tarde, promete cajas de mercadería que tendrán que mendigar en los municipios, que los obligarán a salir de sus casas para solicitar que se les aplique esa encuesta que los define como el 60% de los más pobres de Chile, transformando un derecho en limosna por la cual debemos estar agradecidos.

 

Este mismo mal gobierno saca a los militares a las calles, con armamento de guerra, con la pretensión de aterrorizarnos, con la promesa de la utilización de la fuerza letal a quien se atreva a salir de noche, a quién no solicite un permiso a la misma policía que se corrompió con el narco tráfico, que robo los recursos del Estado, en otras palabras que se apropió de la riqueza que genera nuestro trabajo, autorización que debemos obtener de los mismo que han segado con sus disparos a cientos de jóvenes y que han asesinado a otros cuantos.

 

El gobierno de los empresarios en su indolencia y desinterés por la realidad de nuestro pueblo pretende por medio del armamento de guerra hacer frente a la pandemia, confinándonos en nuestras casas, endeudados y sin trabajo, sin alimento, sin acceso a la salud pública, instalando la idea de la guerra contra una enfermedad, que termina justificando la presencia de militares con armamento de guerra en nuestras calles.

 

El mal gobierno de la oligarquía, con los militares en las calles lo que hace es traspasarnos a nosotros su responsabilidad del aumento de la población infectada y enferma, cuando la realidad demuestra que esto es consecuencia de su indolencia e irresponsabilidad al no haberse preparado para la llegada del Covid 19.

 

El modelo neoliberal, finalmente termina culpando al pobre de su pobreza, a los cesantes por su falta de trabajo, a los trabajadores y trabajadoras por no dejar de trabajar, al vendedor callejero y al feriante por la concentración de gente en espacios reducidos y el consecuente aumento del contagio, en definitiva al enfermo por contagiarse, y frente a esta irresponsabilidad de la población, la rancia oligarquía hace lo que mejor sabe hacer, entregar limosna por la cual debemos estar agradecidos, y cuando sus migajas no son suficientes para mantener el orden público, nos amenazan con el palo y el garrote, sacando a los militares a nuestras calles, para asegurarse que nosotros el pueblo no nos sublevemos frente a la injusticia, a la pobreza y al hambre a la cual nos están sometiendo con sus medidas políticas y económicas.

 

 

Mario Paz Montecinos

Secretario de Los Hijos de Mafalda

La Palomilla Informativa del Pueblo Desorganizado.

El Mayor Compromiso con Nuestro Pueblo es la Organización.

 

Para descargar éste artículo en pdf pinche aquí

 

Contacto

Los Hijos de Mafalda info@loshijosdemafalda.cl